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21/06/2018

Fráncfort y la madre de todas las evacuaciones


«Por fin plazas de aparcamiento libres en la ciudad», ironizaba esta mañana al salir a la calle Wolfgang Riesig, padre de familia y ejecutivo de la banca de inversión, que abandonaba su lujoso piso a orillas de Meno cargando con sillitas de bebé, cesta de camping y varias mochilas. «Debe haber un error, agente, donde están probando bombas de hidrógeno es en Corea, no en Fráncfort», bromeaba unas calles más arriba un estudiante, coqueteando con la idea de no cumplir con la orden de evacuación que obliga hoy a unas 70.000 personas a abandonar sus casas, aproximadamente el 10% de la población de la capital financiera alemana. Los policías con los que hablaba sonreían y seguían la broma lo justo, sin dar opción a quedarse en casa. Desde las seis de la mañana, la policía ha ido comprobando puerta a puerta que la orden de evacuación había sido cumplida, antes de dar luz verde a la desactivación de una bomba HV-4000, una reliquia de la II Guerra Mundial descubierta por casualidad en el transcurso de unas obras y que es la causante de la madre de todas las evacuaciones.

Antes de las once fueron trasladados los últimos 500 ciudadanos con problemas de movilidad que habían solicitado ayuda de los bomberos, pero hasta las 17:00 horas aproximadamente no fue desactivada por los artificieros la bomba de 1,8 toneladas que arrojó un bombardero británico en algún momento de la II Guerra Mundial y que nunca llegó a estallar. Contenía unos 1.400 kilos de explosivos que podrían estar en perfecto estado, como han demostrados casos anteriores.

«En principio no ha sido complicado. Se trataba de instalar un dispositivo electrónico adherido a la rosca trasera, una abrazadera de cohete con la que se desatornillarán los detonadores a distancia. Pero en 2012 ya nos pasó una vez que la rosca estaba oxidada y el artefacto explotó durante la apertura, causando daños por valor de varios millones de euros. Aquella bomba era cuatro veces menos potente que esta, así que toda precaución es poca», explica el portavoz de la operación, bastante satisfecho con la marcha que llevó el vaciado de la ciudad.

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El área de 1,5 kilómetros a la redonda en torno a la bomba pertenece al barrio financiero. Edificios como la sede del Bundesbank están incluidos en la orden de evacuación y para muchos de los habitantes de esta ciudad, con una posiblemente injusta pero muy sólida reputación de aburrida, la jornada de hoy constituye todo un acontecimiento. «La mayor parte de la población ha colaborado», reconoce por teléfono un portavoz, aunque admite que la policía ha contado con cierta resistencia, por lo que un helicóptero equipado con cámara térmica ha sobrevolado la zona delimitada para comprobar si quedaba alguien escondido en casa y enviar, en ese caso, una pareja de agentes.

Para los responsables de la logística, lo más difícil ha sido evacuar los dos hospitales y las diez residencias de ancianos incluidas en la zona. Estos centros fueron ya vaciados ayer, las primeras 20.000 personas en salir del área, para evitar prisas. Para muchos ancianos se ha programado una jornada de excursión, aprovechando el buen tiempo, pero hay autobuses, ambulancias y centros médicos en alerta en varias ciudades de los alrededores, para afrontar cualquier imprevisto. También varios hospitales del sur de Alemania están colaborando con el operativo, acogiendo pacientes de unidades de cuidados intensivos.

«Me dijeron que la ambulancia vendría a por mí a partir de las ocho, pero eran las ocho y media y no había venido así que me dio miedo», explicaba Helga, una anciana de 82 años que vive sola y que temió tener que salir corriendo para evacuarse por su cuenta, «así que llamé a la policía y vinieron a casa dos agentes muy amables que me han traído a este autobús», dice ante las cámaras de la televisión local.

Para evitar que ladrones y otros criminales aprovecharan esta oportunidad para allanar las viviendas, la Policía anunció el despliegue de más efectivos ya desde el sábado, que han patrullado constantemente las partes afectadas de la ciudad mientras los evacuados se han limitado, en la mayoría de los casos, a esperar. En las enormes instalaciones del Messehalle fueron instaladas largas mesas de madera y hay bocadillos y café a disposición de la población. Unos 140 voluntarios de los Johanniter se encargaron de la distribución. «Hemos recibido unas 300 personas», recontaba su responsable, Oliver Pitsch.

El periódico Frankfurter Allgemeine ha regalado miles de ejemplares de una edición especial. En pantallas gigantes se sigue la operación a distancia y las imágenes muestran que la policía ha sacado a la fuerza a un hombre de su casa en la Hermannstraße. «Asegura que no sabía que su calle estaba dentro del área de la evacuación», explica uno de los agentes. «Pedimos por favor colaboración», repetía Alexander Kießling, uno de los responsables policiales, «pensemos que hay profesionales artificieros que se han jugado hoy la vida para asegurar la seguridad de todos nosotros, así que lo menos que se podía hacer es colaborar».

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