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21/06/2018

Las conexiones del entorno de Schulz con Putin merman sus apoyos electorales


El candidato socialdemócrata a la cancillería alemana, Martin Schulz, no es precisamente afín a Putin. Califica abiertamente de «atropello» su política en Ucrania y lo describe como un gobernante «autoritario» e «impredecible». Pero el hecho de que el presidente ruso mantenga estrechos contactos con varios otros líderes socialdemócratas está costándole a Schulz apoyo del electorado, para el que no cabe duda de que Rusia desea influir en las elecciones alemanas del 24 de septiembre.

El ministro de Exteriores alemán, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, realizó en junio un misterioso viaje a San Petersburgo sobre el que no ha informado todavía correctamente al Parlamento. Pocas semanas antes había realizado un viaje oficial a Moscú, por lo que la agenda bilateral estaba al día, cuando decidió asistir al Foro de Economía Internacional que se celebra en San Petersburgo y que es considerado el Davos ruso. No se reunió allí con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, que asistía a la reunión, pero ya entrada la noche abandonó el Palacio de Constantino para reunirse en el centro de la ciudad con Putin. Periodistas alemanes desplazados a San Petersburgo informaron que después de esa reunión y ya de madrugada, se había producido un segundo encuentro al que asistió también el excanciller alemán Gerhard Schröder. Un visiblemente trasnochado Gabriel informó la mañana siguiente que se había hablado sobre Ucrania y algunos otros asuntos. Justificó la presencia de Schröder en calidad de presidente del Consejo de Administración de Nordstream II, el controvertido gasoducto ruso.

Gerhard Schröder trabaja prácticamente desde que cedió el puesto de canciller a Angela Merkel para el gigante ruso Gazprom y ahora acaba de fichar además por el consejo de vigilancia de la petrolera Rosneft, ambos consorcios dirigidos por magnates rusos muy cercanos a Putin y que le pagan unos 300.000 euros al año cada uno. Schröder, que participa activamente en la campaña electoral socialdemócrata, critica reiteradamente las sanciones europeas a Rusia. «Yo, personalmente, no haría eso. Y descarto trabajar en la empresa privada tras mi paso por la función pública», ha tratado Schulz de distanciarse para evitar la factura electoral, «pero dónde decida trabajar Schröder es un asunto privado en el que no deseo entrar».

Además del SPD, la administración rusa mantiene desde hace un año contactos con responsables del partido antieuro Alternativa para Alemania (AfD), que defiende postulados nacionalistas y antiextranjeros. Sus dirigentes se han reunido con representantes de Rusia Unida en Berlín, Moscú y Crimea y su presidenta hasta hace unos meses, Frauke Petry, se ha entrevistado en Moscú con un estrecho aliado de Putin, Viacheslav Volódin, dando pábulo a los rumores sobre discretas ayudas financieras rusas a AfD.

La canciller y Polonia
Seguramente estos asuntos, que disgustan al electorado alemán, saldrán a relucir entre otros esta noche, en el único debate en televisión que mantendrán los dos principales candidatos. El mensaje de firmeza ante Rusia de Martin Schulz pierde credibilidad en medio de la red de conexiones rusas y Angela Merkel sabrá aprovecharlo. En la casa Willy Brandt, para contrarrestar, se trabaja en la estrategia de enfrentar a Merkel a la situación en Polonia, cuyo gobierno está llevando a cabo políticas consideradas antidemocráticas en Bruselas y al que Alemania evita criticar abiertamente.

Schulz mantiene muchas esperanzas en este debate porque el 46% de los electores reconocen no haber decidido todavía su voto y lo considera la última oportunidad de remontar en unas encuestas en las que Merkel le saca 17 puntos de ventaja. «¡En guardia!», grita un minúsculo Schulz al adormecido peso pesado Merkel desde una viñeta que el semanario Der Spiegel ha llevado a portada este fin de semana y que sugiere que el socialdemócrata, pese a sus ganas de pelea, no tiene mucho que hacer.

Esa viñeta no es nada para la sátira y desinformación que destila la fábrica rusa de trols contra Merkel a través de las redes sociales, de tal volumen que Facebook ha eliminado en agosto unas 10.000 cuentas falsas que difundían contenidos engañosos sobre la política alemana, la mayoría procedentes de Rusia. Merkel personalmente ha advertido sobre la intención de Putin de «jugar un papel en la campaña electoral» y se sospecha que está detrás de los hackers rusos que en 2015 robaron 16GB de documentos confidenciales del Bundestag, el parlamento alemán. Aunque será entre el 14 y el 20 de septiembre cuando Putin se haga más presente en la campaña, fechas en las que tiene previsto desplegar cerca de Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, la frontera de la UE, la denominada Zapad 2017, las mayores maniobras militares desde la II Guerra Mundial.

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